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La Cima – I

Me he detenido. He respirado y dado la vuelta para mirarla otra vez. Seguía allí, hierática, erguida, soberbia, rodeada en su cintura por un anillo núbeo, recortándose contra el cielo azul.

La montaña parecía seguir con imaginarios ojos pétreos mi huida de ella, no habría sabido decir si con mofa o con tristeza, al fin y al cabo no era más que una mole caliza. Sí, me había dado miedo y huía de ella. Ella había ganado, y yo naturalmente había perdido.

Mientras la miraba, sentí una punzada de rabia. Había pasado varios meses planeando mi expedición en solitario a fin de coronarla como un remedio espiritual, o mental, no lo sé, no me importa, contra mi estado anímico en el que primaba la ansiedad y merodeaba, como un necrófago alado, la depresión. Estaba harto de pastillas y miedos pasajeros. No soy idiota y sé que mi montaña, mi reto, no está ahora frente a mí, sino en mi interior. Mi montaña, mi cima, son mis miedos, mis fobias, mi falta de libertad real. Sin embargo, aquel macizo calcáreo era para mí un reto iniciático, un desafío espiritual. Sí, sentía rabia y un atisbo de rebelión interior asomó de entre mis cenizas mentales.

Avancé algunos pasos en dirección a ella de nuevo. Me detuve y la miré desafiante. Y algo se rompió definitivamente en mi interior y reinicié la marcha hacia ella… (continuará)

 

Josua Laguneki

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