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Caminos borrados por el tiempo

Dicen que en la vida tenemos un camino. Yo creo que eso es cierto a medias. En la vida tenemos muchos caminos para elegir, algunos serán mejores, otros no tanto, algunos nos parecerán acertados y otras veces un error. Pero no hay caminos equivocados si se sabe leer en ellos, en sus lindes, sean estas definidas o estén desdibujadas por la vegetación, en sus entornos lontanos, montañosos o boscosos, llanos o procelosos. De caminos tortuosos, difíciles, peligrosos incluso, podemos sacar conclusiones vivificadoras, pero para eso, hay que detenerse de cuando en vez y meditar. La meditación es trascendental en el camino. Si no meditamos, los caminos andados serán borrados por el tiempo, por el polvo de la memoria selectiva, y con ello el aprendizaje iniciático que en su día extrajimos de ellos.

Los caminos no han de hacerse aprisa, ni aún cuando éstos nos parezcan livianos y fáciles, aptos para zancada amplia y rápida. Los caminos que forjan nuestra existencia y devenir han de recorrerse con la emoción descubridora de un niño ávido de aprender. Y es que siempre habremos de ser niños deseosos de aprender.

Recorramos nuestros caminos en la vida con la parsimonia de un viejo y la ansiedad descubridora de un niño, y así, elijamos el que elijamos, podremos extraer mucho más de ellos y por tanto, descubrirnos a nosotros mismos.

Javi Armisén
Caminante en la Vida, en la Pura Vida.

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